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Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

Que estemos en casa todo el día durante el confinamiento no significa que nuestra disponibilidad sea absoluta. También necesitamos tiempos de desconexión, tanto de mensajes y videollamadas como de esas jornadas de teletrabajo tan excesivas.

El teletrabajo nos está ocupando de media unas 10 horas de nuestras jornadas. Usamos más que nunca los servicios de mensajería y videollamadas y aún así a veces nos sentimos saturados. La verdad es que no deja de ser una ironía el hecho de obligarnos a establecer límites durante el confinamiento en ciertas ocasiones.

Escribía Jane Wilde Hawking en su libro Hacia el infinito que cuando las personas luchamos contra el destino, lo único que importa es salvaguardar la supervivencia. Y así es, esta frase la podemos aplicar sin duda al actual contexto.

Sin embargo, dentro de esas cápsulas de supervivencia que son nuestros hogares, también estamos obligados a salvaguardar otra valiosa dimensión: el bienestar.

Durante estas semanas de obligado encierro hemos vivido y aprendido muchas cosas. Cada uno de nosotros sigue manejando la situación como bien puede, de manera más acertada o menos.

Analicémoslas a continuación.

+ Saber establecer límites durante el confinamiento también es salud

Todos tenemos claro que en la vida apostar por la asertividad y saber poner límites ante determinadas situaciones es garantía de paz y equilibrio mental. Sin embargo… ¿quién nos iba a decir que en el presente contexto de confinamiento también tendríamos que hacerlo? Resulta, como poco, extraño.

Aislados como estamos durante buena parte del día, lo esperable es disfrutar de cada conexión con los nuestros a través de la tecnología. También pensábamos que el teletrabajo supondría tener mejor calidad de vida al elegir nuestro horario y conciliar con la vida familiar.

Ahora, mientras nos adentrábamos en un nuevo escenario, hemos descubierto de pronto que el devenir del día a día en el hogar tampoco es fácil, lo que nos coloca ante situaciones que debemos empezar a calibrar de otro modo. Veámoslo.

+ El teletrabajo y la educación online  aún deben mejorar

Las empresas de telecomunicación nos dicen que nuestro pico de conexión empieza a las 9.00 de la mañana. En este momento, es cuando más intercambios de correos electrónicos se producen.

De media las jornadas laborales en el teletrabajo se alargan hasta 10 horas, en lugar de ocho. Y lo que es más llamativo, muchas personas establecen una parte de su horario laboral entre las doce y las 3 de la madrugada.

La razón de ello es sencilla: no logran concentrarse durante el día y no tienen más opción que trabajar en ese horario en el que por ejemplo, los niños duermen.

Por otro lado, en el ámbito de la educación escolar a distancia se observan muchas carencias y desajustes. Hay maestros y profesores que se limitan a mandar ejercicios sin hacer explicaciones online. Los sistemas de evaluación no siempre son los más acertados. Y a esto se le añade el factor tecnológico: no todos los niños de un hogar disponen de su propio ordenador.

Establecer límites durante el confinamiento supone en este caso saber organizarse. La adecuada gestión del tiempo en cuanto al teletrabajo nos permitiría no solo ser más productivos, sino también, evitar el estrés.

Así, y en lo que se refiere a la escolaridad online, también es recomendable establecer un límite sobre lo que se puede lograr y lo que no.

En gran parte de los casos, los padres tienen una carga añadida con las clases de sus hijos. Se trata de una problemática que debemos valorar y resolver.

+ Establecer límites durante el confinamiento: estar en casa no significa que siempre esté disponible

Establecer límites durante el confinamiento implica también que los demás entiendan que no siempre estamos disponibles.

A veces, no nos apetece tener esa conversación por Zoom o por cualquier otra plataforma de videollamadas. Y no por no apetecernos queremos menos a esa persona. Se trata simplemente de que, en ocasiones, necesitamos más la lectura de un libro o no hacer nada y calmar nuestra mente.

Hay que entender que cada persona lleva un ritmo y tiene unas necesidades particulares. En ocasiones, y casi sin darnos cuenta, nos pasamos horas escribiendo mensajes y llamando.

Todo ello es positivo y es nuestra salvación cotidiana en los días de confinamiento. Pero todos necesitamos descansos, tiempo para nosotros. Por tanto, poner un límite también es saludable en estos casos.

+ Los límites mentales también son necesarios

La necesidad de establecer límites durante el confinamiento también pasa por monitorizarnos a nosotros mismos. No solo hay que alzar barreras de contención externas, reduciendo, por ejemplo, la cantidad de información que recibimos.

Además de gestionar mejor el tiempo a lo largo del día, de consensuar con amigos y familiares en qué momentos nos va mejor hacer esas videollamadas, también debemos levantar muros mentales.

¿Qué significa esto? Implica por ejemplo, poner límites a la preocupación excesiva. Es necesario entender que bienestar es saber ser asertivo con los demás, pero también con nosotros mismos controlando aquello que sí está en nuestras manos.

Es cierto que hay cosas que escapan a nuestro control, que lidiamos a diario con la incertidumbre y el miedo. Sin embargo, hay que poner diques a esa mente que anticipa cosas que aún no han ocurrido, a esas ideas que visualizan lo peor e intensifican la ansiedad.

Tengámoslo claro, atender nuestro universo interno es tan decisivo como controlar lo que nos llega desde fuera. El bienestar está en el equilibrio, en saber poner límites, en tener claro qué es lo que más necesitamos en cada momento. Trabajemos en ello.

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